URUGUAY: ANARQUÍA N°26

26Tiempos difíciles se avecinan para los anarquistas y cualquier antiautoritario en general. Y más allá de las diferentes visiones, las diferentes proyecciones deberían coincidir en algo: no son tiempos para retroceder. La caída de las izquierdas nos pone en un sitial muy bueno para re-impulsar nuestros proyectos con más fuerza. Los últimos coletazos del izquierdismo aún se van a sentir. El populismo perdió terreno en todas partes pero ha fortalecido en el camino a los aparatos estatales lo suficiente como para sentirse satisfecho. Los grupos políticos comienzan a perderse en un mar de desesperación entre su corrupción, impotencia y compromiso con el sistema. Todo este panorama abre muchas y nuevas oportunidades, como siempre está en nosotros hacer algo con todo eso.

Mientras el capitalismo se re-estructura, a nuestra región le tocarán, seguramente, tiempos más difíciles. Hemos vivido el “boom de las materias primas” del 2003 que trajo una inyección de negocios y consumo y que en definitiva repercutió en un mayor saqueo y destrucción de la mano del progresismo. Ahora la cosa empeorará en varios niveles pero no pensamos que a una caída del dinero para sustentarse, o del consumo, le corresponderán necesariamente mejores condiciones para luchar. Hemos vivido una expansión terrible del control social, una profundización de la recuperación estatal y un afianzamiento de la ideología demócrata, los resultados de esto, seguramente se verán en las calles y en las luchas.

En Montevideo, el ataque del Estado contra los sectores opuestos al capital se puede ver hoy en el intento de desalojo de la Solidaria. La re-estructura policial, la video-vigilancia, la adaptación de las leyes (faltas, etc.) y un proceso de militarización que acompaña al del continente (en los últimos trece años América del Sur aumentó un 150 % su arsenal militar), son procesos simultáneos que persiguen un mismo fin: una mayor domesticación social. La Solidaria, ubicada en el centro de la ciudad, ha servido para potenciar las fuerzas de los sectores anti-políticos, los sectores anti-capitalistas y esto no podía sino traer problemas. Por nuestra parte asumimos que esos problemas llegarían tarde o temprano y los esperábamos. Hoy, luego de preparar el terreno en conjunto con la prensa, la policía se apresta a entrar y limpiar la zona. Al ser un lugar, no el único por suerte, que promueve la confrontación directa y que no quiere ser un criadero de nuevos políticos, estaba en el blanco del Poder hace mucho tiempo. No es sólo porque adentro sucedan cosas “raras”, que se empleen formas diferentes de funcionar (autogestionadas, autónomas y horizontales), sino por lo que aportan hacia afuera (hacia la autoorganización del conflicto social), que los que frecuentan la Solidaria son peligrosos para el orden establecido.

El negocio debe continuar, dicen los acomodados y defensores del Estado, también que los nuevos edificios y proyectos son una bendición, como una bendición que los vecinos más pobres deban irse con sus maneras a otra parte, lamentablemente para ellos, nosotros no vamos a la iglesia. El proceso de gentrificación que vive el barrio Cordón es una pata más de la dominación del capital capitaneada por la izquierda, como sus cárceles o su policía . El Estado interviene sobre los barrios para acrecentar el control, destruir los lazos comunes y permitir el ingreso de un tipo de negocio más agresivo y lucrativo. El intento de acabar con la resistencia en la zona no sólo busca allanar el camino para los sucios negocios del progreso sino que además busca neutralizar algunas de las estructuras donde se potencia la resistencia local. Pero no son tiempos para lloriquear o perderse en abstracciones: la conflictividad social en la que estamos sumergidos, lo aceptemos o no, tiene y tendrá avances y retrocesos.

Sinceramente, esperamos que varios años de potenciar la rebelión hayan hecho músculo. Varios conceptos de autogestión y autonomía, generalmente basados únicamente sobre lo cultural o contracultural, deben ser cuestionados, sus límites deben pensarse, y más que nunca nuestra intervención en lo existente debe ser amplia y fuerte. Son tiempos de responsabilidad, hoy debe hacerse claro aquello de pensar globalmente y actuar localmente. La revuelta necesita de cosas y de gente, de ideas claras y de proyectos, pero también resolución, valor y fantasía. Los que no buscan hacer política, que no buscan transar, negociar ni acomodarse con el Poder están destinados a tener que luchar. Los lugares que sirven para luchar, donde la gente se atreve a ponerse firme, los lugares en donde no se cuece la recuperación del Estado, donde nadie se encierra sino que se sale a potenciar la libertad más descarada, son nuestros lugares. Hoy, ayer y siempre será así. Los acomodados del Poder y sus guardianes quieren silenciarnos, los especuladores de la vida no nos quieren más molestando, los pacificadores quieren barrer la resistencia, mientras tanto, la respuesta sigue estando en nuestras manos. Sin victimismo y con orgullo: no hay nada que negociar, queremos acabar con el capital y su Estado, las relaciones de mierda que generan, la desigualdad que instituyen y todo su podrido mundo.

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