ESPAÑA: NUEVO LLAMAMIENTO A LA GUERRA REFLEXIONES ANÁRQUICAS SOBRE LOS ATENTADOS EN CATALUÑA

Reflexiones anárquicas sobre los atentados en Cataluña

1. ¡Viva la guerra a sus guerras!

La oleada de atentados bajo signo yihadista, en la peculiar fórmula del Estado Islámico, han segado multitud de vidas en todo el mundo (y no solo es países occidentales). De poco sirven las muchas llamadas de atención sobre el origen y el auge del yihadismo moderno -patrocinados y financiados en un intento del occidente capitalista de desgastar los regímenes nacionalistas afines a la extinta URSS- y las actuales fuente de financiación del DAES y sus pilares ideológicos cercanos a estados como Arabia Saudí –aliados de occidente-, los intereses en la venta de armas con procedencia occidental y por supuesto, los intereses del capitalismo en mantener regiones enteras bajo un estado de guerra permanente. No se trata solo ya de establecer regímenes satélites a los EEUU como en la década pasada, sino acostumbrar a las poblaciones a la muerte y a la tiranía para que los capitalistas occidentales hagan y desahagan a su antojo y mantengan su rol dominante a través de una ocupación militar tenue –o subcontratada-.

La guerra contra estos intereses es una guerra de los oprimidos de todo el planeta, no importando localizaciones geográficas. Reconocernos como oprimidos y establecer lazos de solidaridad y apoyo mutuo en un conflicto permanente contra el capitalismo, el Estado, la autoridad, la religión y el nacionalismo como expresiones de nuestra dominación, de nuestra miseria, de nuestra explotación, de nuestros muertos, frente a su opulencia, sus intereses y las ansias del Poder de abarcar cada vez más y más sin importar cuánta sangre se derrame.

2. Guerra a la democracia. Guerra a todo forma de autoridad

Los atentados de Cataluña han servido para que toda la caterva mediática al servicio del poder se unan sin importar el signo ideológico: todas las voces afines al sistema se reúnen bajo el estandarte de la democracia. Los demócratas se unen a la menor ocasión para evidenciar que en el fondo, todos defienden lo mismo: la Democracia como fórmula bajo la cual someternos. La Democracia, ese falso espejismo de libertad donde elegimos a nuestros amos, la Democracia que genera guerras en el tercer mundo y control social y represión en el primero. Esa Democracia que gestiona las guerras, la maquinaria de expulsión racista, la explotación laboral, la represión, la cárcel y, en fin, la miseria es sus muchas expresiones.

No se trata aquí de hacer llamados a la tolerancia, al civismo, al respeto entre religiones y otra serie de libertades y valores democráticos, propios de la burguesía. Es sobre estas premisas sobre las que se asientan la persecución contra aquellxs que no se arrodillan y no aceptan la negociación con el Poder en sus términos. Se trata de un llamamiento precisamente a la intolerancia y al rechazo absoluto de cualquier fórmula bajo la cual la autoridad despliegue sus tentáculos, sea mediante la democracia o un estado totalitario como el formulado por el ISIS. Son distintas maneras de ejercer el control, la explotación y la muerte.

3. Guerra a la religión. Guerra al nacionalismo

Si algo evidencian los tiempos que corren, es la desesperada búsqueda de los oprimidos por agarrarse a identidades ficticias, creadas por los intereses del Poder a lo largo de historia: hablamos del nacionalismo y la religión. Estas identidades sirven de oportunidad para muchas personas que expulsados a la marginalidad, a una vida de miseria y tedio ingresarán en las filas de aquellos que les prometan la grandeza a través de la idea de Dios o de la Patria.

La religión, bajo cualquier fórmula, ha servido para edificar la autoridad y reforzar el Poder, dotándole de un aura divina y suprahumana, protegiendo el estatus quo de aquellos que lo ostentan. Esta alianza sirve para que las instituciones religiosas se perpetúen en su propio rol social (engañar, manipular y sembrar el servilismo con el orden establecido) adquiriendo los miembros de cualquier jerarquía religiosa un trocito del pastel del poder. La idea de Dios somete al individuo a la religión y se edifica en torno a aspirar al monopolio frente a los adeptos a otras religiones o aquellos que no se arrodillan. Homofobia, machismo, sometimiento, control… piezas indispensables en todo forma de religión. Las religiones de Jesucristo, Yahveh o Alá son enemigos de la vida y de la libertad.

El nacionalismo es un sentimiento inyectado por los Estados (o las clases burguesas que pretenden la formación de un nuevo Estado) entre la gente, entre los oprimidos, para sumarles a sus causas y servirse de las “masas” para legitimar sus intereses. Toda forma de nación implica la conformación de un Estado, antes o después; un Estado que se construya en torno a una cultura, una tradición y una serie de simbologías que convierten toda forma de cultura en algo estancando, monolítico, cerrado que solo busca encerrar a los explotados y oprimidos en identidades ficticias que les vincule con los intereses del Poder y enfrentar a los oprimidos entre sí. Toda nación es enemiga de la libertad.

4. Guerra al racismo

Los intereses del Poder a la hora de marcar las diferencias entre los explotados y explotadas, son un perfecto caldo de cultivo en tiempos de crisis para que la demagogia racista y xenófoba de los grupos de extrema derecha calen entre la población. Aprovechar el dolor y el sufrimiento y la interesada campaña mediática en generar una política en torno al miedo, sirven de argumentos a los grupúsculos nazis y fascistas para desplegar su basura racista y xenofóba, en este caso concreto a través de la conocida islamofobia.

Sin embargo, no se puede separar la función de los Estados (y su forma más común en nuestra realidad, la Democracia) del fascismo y su prácticas racistas y xenófobas. ¿Quién reduce la cultura de otros pueblos a meras representaciones folklórikas convertidas en mercancía para turistas? ¿Quién gestiona los CIES, las leyes racistas de extranjería, las fronteras o la doble explotación de las personas trabajadoras inmigrantes? El Estado y el Capital. Acabar con el racismo sin acabar con el Estado y el capitalismo es imposible.

5. Guerra a la seguridad

Los atentados en Cataluña han servido para evidenciar que el futuro ya está aquí en forma de presente: la militarización del espacio público en aras de la seguridad. Las leyes que buscan acotar aun más la libertad de las personas, el despliegue de cientos de efectivos armados a través de policía, militares y otros cuerpos de seguridad del Estado y la batería de leyes que ahondan en el control social son las beneficiosas consecuencias que políticos y altos mandos policiales y militares aprovechan en todo el mundo cada vez que el yihadismo hace su entrada en escena. Las medidas excepcionales de seguridad tienden a convertirse en norma una vez pasado el revuelo mediático.

Y guerra también a las instituciones policiales, sean policías o mossos. Guerra a estos cuerpos que solo sirven para proteger los intereses de las clases dirigentes y tienen en su historial la represión, la muerte y el encarcelamiento de aquellxs que decidieron y decidimos luchar con todos los medios a nuestro alcance contra los privilegios de la minoría opresora. Los medios de comunicación no han dejado pasar la oportunidad de hacer ver a los torturadores como fervientes protectores de la población y de paso, jugar a sus guerras de poder entre nacionalismos (catalán y español).

Frente a esto:

¡Guerra a sus fronteras, a sus guerras y a sus religiones!

¡Guerra social contra el Estado y el Capital!

Algunxs anarquistas