ESPAÑA: “ANARQUÍA BIOCÉNTRICA”

Desde la distancia que separa el Estado español de Chile, queremos dedicar la traducción, edición y publicación de este librillo a la memoria del compañero Javier Recabarren, ahora que recientemente se cumplieron 2 años de su muerte, atropellado en la ciudad de Santiago de Chile por un autobús del Transantiago, una de esas máquinas usadas para asegurar la movilidad de mercancías y esclaves que es el flujo sanguíneo de esta civilización y de las ciudades modernas… Javier Recabarren tenía sólo 11 años, pero ya llevaba un estilo de vida vegano, participaba activamente en acciones de lucha callejera y por la liberación animal, charlas, debates, y otras instancias diversas que él alimentó y enriqueció con sus aportes. Todo un ejemplo y una razón más para seguir adelante.

Fuerza y complicidad a todas las individualidades que desde Chile (y otros lugares) llenan las calles de sabotajes, barricadas y propaganda en su recuerdo. Porque vuestros gestos también nos hacen sonreír. A vosotres también van dedicadas estas líneas.

Javier Recabarren, vives en la mirada ansiosa y el corazón rebelde de cada activista que deja atrás la pasividad y se arriesga, y de cada animal no-humano que por fin rompe la jaula que lo apresa y huye hacia la espesura.

Nuestra rabia es la misma, nuestro amor por la libertad también.

Este fanzine, librillo o folleto, como se le quiera denominar, es la traducción que hemos realizado de un texto tiulado “Biocentric Anarchy” (Anarquía Biocéntrica), que fue escrito por una anónima británica y difundido para el debate. Nosotres nos lo encontramos en Internet y nos pareció interesante y oportuno traducirlo y discutirlo, ya que consideramos que en los distintos movimientos o ámbitos activistas donde se trata la liberación animal y la lucha contra el especismo, a menudo se habla desde una serie de posiciones que no son muy acertadas o que se estancan en los límites del ciudadanismo, el activismo legalista o peor todavía, en un discurso autocomplaciente que se basa simplemente en dejar de consumir productos de origen animal mientras se incita a otro tipo de consumo igual de ciego y que también consideramos que hay que cuestionar. Para nosotres, la libertad no tiene nada que ver con elegir comprar tofu y seitán donde antes comprabas queso y carne. Este es un paso importante, por supuesto, pues los productos que se obtienen de la explotación animal llevan intrínseca el abuso y la opresión (aunque a veces, los productos presuntamente “libres de crueldad” que consumimos también), y rechazarlos nos parece un primer paso que es necesario dar si queremos posicionarnos contra la dominación y buscar formas de vivir y de relacionarnos que traten de no reproducirla. No obstante, también sabemos que el capitalismo industrial, neocolonial, antropocéntrico y patriarcal es un sistema muy flexible con una gran capacidad de adaptación, y que para las distintas personas y entidades que ocupan las posiciones de poder no supondría ningún problema, llegado el caso, prescindir de la explotación de animales y adaptar las estructuras de producción a una nueva demanda masiva de productos de origen vegetal, sin que eso detuviera en ningún caso ni la explotación de animales humanos, ni la violencia contra todas las especies y contra el propio medio natural del que depende la supervivencia de cada individue de este planeta.

Seremos sinceres con vosotres, nosotres también compramos nuestra comida y vivimos en ciudades, y aunque estemos trabajando poco a poco en alejarnos de esa dependencia, lo cierto es que no lo hemos hecho, no al menos aun. Por eso, no pretendemos aleccionar a nadie con palabras que nosotres aun no nos hemos aplicado. Sólo pretendemos invitar a la reflexión y la autocrítica, desde una postura que pretende ser humilde y constructiva.

Muchas veces se ha querido separar la liberación animal de la liberación de la naturaleza, y hay quienes consideran que son antagónicas, que no se pueden conciliar. Para nosotres es al revés, ni podemos hablar de liberación de la tierra mientras nos aprovechamos de la explotación masiva de sus otros habitantes y del tremendo impacto medioambiental que crea, ni tampoco podemos hablar de liberación animal si lo reducimos todo a construir jaulas más grandes o a seguir justificando nuestra autoridad sobre elles bajo máscaras hipócritas de tutela y falso cuidado que al final no son más que otra forma de domesticación. No queremos construir santuarios donde amontonar animales incapaces de regresar a su estado natural*, sino extensos bosques donde ahora sólo hay grises ciudades de depresión y aire contaminado, queremos sanar la herida, volver a ser parte del equilibrio natural, con nuestres compañeres humanes y con el resto de criaturas. Tampoco queremos idealizar el pasado con discursos esencialistas sobre una vida primitiva cuya realidad no conocemos en absoluto sino mirar hacia adelante, hacia la incertidumbre y la falta de referentes y de medios que tenemos enfrente, y ayudar a crear las condiciones necesarias para articular un movimiento fuerte, sólido y coherente que ataque no sólo las bases ideológicas que sustentan la opresión especista, sino todo el engranaje, la totalidad de la opresión humana, con un enfoque interseccional y antiautoritario.

· Les Editores // Marzo 2017

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*Aquí no estamos menospreciando el trabajo de santuarios y refugios. El problema es que nosotres no los entendemos como fines (como sí nos consta que hacen muches activistas) sino como medios, como herramientas necesarias en este momento. Sabemos que muchas especies por desgracia no pueden regresar a su estado salvaje porque han sido desnaturalizadas ad-nauseam, y entendemos que los santuarios sirvan como espacios para garantizar su seguridad y bienestar en este mundo, pero nuestro objetivo es la liberación animal, no una tutela en un recinto más grande pero igualmente cerrado.